Las bibliotecas moriscas

Poemas moriscos en castellano aljamiado.
Libros que burlaron a la Inquisición
Una exposición en la Biblioteca Nacional descubre los manuscritos originales de los últimos musulmanes españoles y su particular escritura aljamiada

TEREIXA CONSTENLA – Madrid – 17/06/2010 El País .

Una de las páginas de escritura aljamiada de El libro de Samarkandi (siglo XVI), manuscrito de la Biblioteca Nacional.-

Estaban en el punto de mira de la Inquisición, con una amenazadora orden de expulsión que les obligababa a despedirse de sus casas, sus vecinos y sus vidas. Pero confiaban en que no fuese para siempre. Así que los últimos musulmanes españoles escondieron sus manuscritos en huecos abiertos entre los muros de sus viviendas, les añadieron piedras de sal y sacos de espliego para protegerlos de la humedad y los envolvieron en paños de lino.

Entre 1609 y 1610, acosados por el decreto de expulsión del rey Felipe III, salieron los últimos moriscos del valle del Jalón, en Aragón. El final de la historia ya se conoce: no volvieron, se fusionaron con las comunidades musulmanes de los países de acogida (sobre todo el Norte de África) y, en muchos casos, desplegaron una activa campaña contra el cristianismo. Aunque conociendo su historia, semejante resentimiento resulta irremediable.
Cuando aquellas casas del valle aragonés comenzaron a derribarse afloraron los manuscritos escritos en algo parecido al árabe. Los expertos tardaron años en descubrir que en realidad era lengua castellana escrita con grafía árabe (se conoce como escritura aljamiada) y es la única herencia cultural de los últimos musulmanes españoles que, a diferencia de los andalusíes, no legaron un patrimonio monumental.

Se designa con este nombre a las producciones literarias escritas en una lengua hispánica -castellano, catalán o portugués- pero sustituyendo el alfabeto latino por el árabe o alifato. Etimológicamente la palabra aljamía procede del árabe al-‘ayamiyya que significa extranjero no árabe. Los textos compuestos en aljamía son buena prueba de que, como decía Nebrija, la lengua siempre fue compañera del Imperio. La literatura a. fue a los siglos finales de la Edad Media lo que fue a los primeros la mozárabe. Entre ambas hay varios puntos de contacto: la utilización de una lengua extraña para conservar los valores esenciales del Islam o de la Cristiandad y la imitación, con mayor o menor éxito, de los modelos literarios de los vencedores.
En el s. XIV aparece una de las obras más importantes de la literatura aljamiada: el Poema de Yuçuf, escrito en cuaderna vía. Narra la historia de José según las amplificaciones introducidas por la exégesis coránica a la azora (capítulo 12) y en las que se pueden detectar algunas infiltraciones de tipo judío. De la misma época es la Almadha de alabandça al annabí Mohammad, que conoció varias recensiones que van a culminar en 1603 con la Historia genealógica de Mahoma en que Mohámed Rabadán dio una versión libre de la obra de Abú-l-Hasan al-Basrí y escribió un relato de la peregrinación a la Meca: Las coplas del alhichante de Puey Monzón. Poetas moriscos son también Mahomat al-Xartosí, del cual nos ha quedado testimonio en el Cancionero de Baena y los emigrados al norte de África, Ibrahim de Bolfad (Argel), un admirador anónimo de Lope de Vega (Túnez) y Juan Alfonso (Tetuán). Muchos de éstos, libres de las presiones y vejaciones que habían sufrido en España, reaccionan componiendo obras anticristianas -esto explica que el Presente del hombre letrado que trata de la refutación de los secuaces de la cruz, de Turmeda, empiece a ser conocida y divulgada sólo en el s. XVI- y algunos, como Juan Alfonso, arremetan contra los españoles con saña:
Cuervo maldito español / pestífero cancerbero / que estás con tus tres cabezas / a la puerta del infierno.
La prosa conoce especial desarrollo en las versiones interlineales, muchas veces paráfrasis, del Corán (v.). No conservamos ningún texto íntegro de toda la versión, pero ensamblando unos manuscritos con otros se puede conseguir casi reconstruir el texto completo del Corán y, por consiguiente, de la versión morisca del mismo. En general abundan las traducciones a partir de la azora 38 y escasean las anteriores o, en otras palabras, disponemos de numerosas traducciones y paráfrasis de los textos revelados en la época mequí que por su brevedad eran los más aptos para ser utilizados con fines litúrgicos, y de muy pocos referentes al período mediní. El léxico de estas versiones está cuajado de arabismos como arraquear, asajdar, almalaque, arrizque, halacador (contaminación de jalláq con creador) helalmente, etc., que pueden presentar dificultades para los romanistas por no haber entrado a formar parte del léxico usual de las lenguas peninsulares. Sintácticamente estas versiones, serviles al texto árabe, muestran en sus paráfrasis que fueron realizadas en la región levantina y es difícil establecer hasta qué punto derivan de un prototipo común (¿quizá el Corán trilingüe de Juan de Segovia?). Al lado de estas versiones encontramos paráfrasis del hadiz (v.) o de determinados historiadores árabes que nos permiten conocer con detalle la vida de Mahoma. Tal El libro de las batallas (s. XVI) de tendencia alí.
Entre las obras jurídicas descuella el libro del alfaquí de Segovia ‘Ísà b. Yábir (s. XV) titulado Breviario sunní. La cuentística tiene un gran sabor tradicional. Así el Alhadiz de Musa con facob el carnicero, que puede relacionarse con El condenado por desconfiado de Tirso; el Recontamiento de Isa y la calavera; el Recontamiento de Temim Addar, compañero de Mahoma, que tras un viaje a la región de los genios regresa a nuestro mundo para explicar sus vivencias; la Estoria de la ciudad de Alatón y de los alcáncames, basada en un cuento de Las mil y una noches, y el Alhadiz del baño de Zarieb, cuyo original árabe encontramos en autores orientales como Yáqút. La novela caballeresca está representada por el Recontamiento de Almicded y Almayesa y diversos fragmentos ¿vertidos a través del catalán? de la novela provenzal París y Viana.